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  Portada > Música, Teatro, Televisión y Cine > Víctor Gaviria y la Medellín Violenta
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    Víctor Gaviria
    y la
    Medellín Violenta

    Medellín (Antioquia), Julio, 2003

    Dentro del grupo de directores de cine colombianos que en las últimas décadas ha logrado darle al cine nacional cierto reconocimiento, se destaca el poeta y realizador antioqueño Víctor Gaviria quien, por medio de las imágenes que produce un país sumido por décadas en la crisis y de los diálogos auténticos de su gente, ha narrado la realidad colombiana con toda su problemática.

    El cineasta toma como escenario a Medellín, una de las ciudades colombianas más atropellada por la violencia; se apropia del lenguaje de su gente, sobretodo de los jóvenes menos favorecidos de las comunas, y de los diversos modos de ser de los habitantes que allí moran y narra sus vivencias que en las más de las veces están marcadas por la desesperanza y la tragedia.

    Gaviria trabaja con actores naturales, muchachas y muchachos que residen en los sectores marginales de la ciudad y cuya necesidad de sobrevivir en un mundo compacto, carente de oportunidades, los convierte en ladrones, sicarios, prostitutas, vendedoras de rosas. Actor y personaje son la misma cosa; no hay un parlamento por aprender, simplemente es el diálogo cotidiano con el que los más desventurados buscan el modo de salir adelante.

    La multiplicidad de contextos que alberga cada una de las esquinas de Medellín y la realidad de quienes la habitan, que aunque comparten un espacio público común no por ello sus circunstancias coinciden, es el material del que se vale Gaviria para hacer cine. Ya sus películas "Rodrigo D" y "La Vendedora de Rosas" dieron muestra de cómo ciudadanos de carne y hueso, clasificados en los más bajos estratos sociales son tocados por la violencia de esta urbe y sucumben o aprenden a sobrevivir en ella, en un ámbito donde las oportunidades de sobresalir son escasas y poco importa si se vive al margen de la ley o fuera de ésta; porque la prioridad es subsistir sin importar el modo como se logre.

    Su nueva película "Sumas y restas",que se estrenará en el país a final de año, no es ajena a la crisis que ha sufrido el país durante décadas ya que aborda una problemática que aún en los tiempos que corren sigue vigente: el narcotráfico.

    La cinta, que también cuenta con elementos de ficción, se ubica temporalmente en la década de los ochenta, época posterior a la aparición de la droga en el país, a partir de la cual se dio inicio de forma categórica al comercio ilegal de ésta y a la violencia generalizada en todo el territorio colombiano.

    "Sumas y restas" narra la historia de un hombre que con el propósito de aumentar su capital, de la manera más fácil y a corto plazo, se involucra en el negocio del narcotráfico pero con la intención de no permanecer en él más del tiempo necesario para lograr su meta. No obstante, no alcanza a cumplir su cometido a satisfacción y se convierte en una víctima más de ese mundo sin normas ni compasión que lo deja en la ruina.

    A propósito del cine colombiano y del menosprecio expresado por parte de algunos críticos y realizadores nacionales por la situación del país Gaviria argumenta que la realidad colombiana, calificada por algunos artistas como "sucia y confusa", no es impedimento para hacer arte y por tanto no debe enmascararse.

    Gaviria comenta que "el director de cine colombiano se encuentra con una realidad totalmente desordenada, aparentemente llena de basura., no sabe cómo comportarse frente al lenguaje oral de la gente, le parece que no es apropiado para hacer cine y opta por transformarlo, lo vuelve teatral, literario, trata de darle un sentido artístico a ese material informe que recibe de la vida diaria. Una de las actitudes que yo he tomado es que ese material hay que recibirlo como es: algo valioso. Pienso que hay que hundirse en la realidad y tratar de encontrar las razones de la poesía, del arte, del sentido, de la significación. Es un punto de vista muy personal que aplico en mis películas, pero sé que no es aplicable a otras. El cine colombiano necesita perder esa discriminación, esa decepción que tiene por la realidad inmediata, creer en ella y creer que el arte está ahí, que el lenguaje está ahí, creer en los diálogos de la vida diaria, perder el purismo que tenemos, ese esteticismo extranjerizante y entender lo que han hecho muchos escritores y artistas en el país: que el material está aquí, en nuestros paisajes, en nuestra gente. En este desorden hay un orden por buscar, una belleza y una poesía que está ahí. Muchos cineastas ven una gran pobreza cuando sacan las cámaras a la calle, les parece que no hay nada, ni dignidad, ni alegría."

     


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