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    Con los Callos por Suela

    Por Camilo Andrés Sánchez




    Arturo Lizcano

    Madrid (Cund.), Mayo, 2003

    Arturo Lizcano, un joven de 25 años de edad nacido en San Vicente del Caguán, decidió viajar descalzo rumbo a México con el fin de protestar contra el maltrato infantil. Acostumbrado desde su infancia a caminar en calzoncillos y con los callos por suela aspira entrar en el libro de los Guinness Records.

    Siendo un niño tuvo que salir de su casa en San Vicente del Caguán hacia los Llanos del Yarí debido al maltrato que recibía de sus padres. Allí laboró en una finca donde debía levantarse a las cuatro de la mañana para ir a estudiar y luego regresar en la tarde a trabajar la tierra.

    La hazaña que en este momento lleva a cabo este caqueteño de baja estatura, contextura gruesa y cierto aire ecuatoriano fue informada por noticieros nacionales e internacionales.

    Su esposa Irma Judith Rey, también de 25 años y madrileña de nacimiento, y sus hijos Lady Julieta de cinco años, Dania Yanibe de tres y Giovanni Steven de un año y medio posaron ante las cámaras que captaron el momento en el que el caminante se despidió de ellos y de los madrileños para emprender su travesía hacia México.

    Antes de iniciar su recorrido, programado para el mediodía del 24 de febrero, el doctor José Manuel Rojas le realizó un examen médico para revisar la salud del atleta: "Arturo está en condiciones de iniciar la travesía, sólo se le recomienda descansar lo suficiente y mantener un régimen alimentario muy balanceado", afirmó Rojas.

    Inmediatamente, luego de conocer el parte médico, Arturo se despidió de su esposa e hijos. Las lágrimas bañaron sus rostros y se vislumbraba en sus miradas el triste sabor del adiós.

    Familiares de su esposa, amigos, vecinos y curiosos querían despedirse de Arturo y desearle suerte en este reto del alma y del cuerpo en el que el atleta no sólo lleva consigo las banderas de Colombia y Madrid sino como mensaje especial la consigna: "No al maltrato infantil".

    Desde pequeño quiso ser deportista, tal vez futbolista como muchos niños de nuestro país, pero su poca habilidad para este juego le impidió cumplir con las pruebas del entrenamiento. Posteriormente se encaminó por la ruta de las artes marciales; el karate le dio la madurez y la fuerza para cumplir sus metas.

    A edad de ocho años Arturo padeció de anemia y paludismo. Para fortuna suya un vecino le dio una medicina llamada "la purga del diablo" y unas vitaminas para caballos que le sirvieron para recuperarse.

    Superada la crisis regresó a la casa de sus padres, pero luego de vivir un año y medio allí en compañía de sus progenitores partió hacia El Rosal, Cundinamarca, donde la cosecha de flores estaba por reventar. En esta población trabajó durante seis años.

    Quizá como todas las parejas, Arturo e Irma se conocieron, se hicieron amigos y luego cayeron en las redes del amor. El hecho es que cuando tenían 15 años decidieron vivir juntos.

    Pasados dos años de vida conyugal decidieron volver a San Vicente del Caguán donde permanecieron un año sin hacer nada. De allí salieron con rumbo al departamento del Amazonas donde pasaron de finca en finca raspando hoja de coca durante doce meses.

    Debido al riesgo de la actividad que estaban ejerciendo, Arturo decidió comprar una pistola de cuatro proveedores que después de un tiempo cambió por una finca de poco valor. En su estadía en el Amazonas nació su primer hijo a quien la violencia de los grupos armados le negó la posibilidad de vivir.

    Desde entonces, Lizcano se hizo la promesa de llevar consigo un mensaje de no violencia para compartir con sus semejantes, y aunque su esposa dice que a él se le ocurrió un día entrenar para emprender una larga caminata, la verdad, según Arturo, es que todo surgió luego de aquel episodio amargo de su vida.

    Durante su entrenamiento se dio cuenta de que alimentarse con lo mismo que comen los demás no era suficiente. Su régimen alimenticio se compone de frutas con cáscara como mangos y bananos, poca carne y buena comida para perros. Tal como lo dice Arturo, esto lo mantiene con dos kilos encima de su peso y le da la posibilidad de caminar descalzo sin sentir dolor alguno a causa del asfalto caliente, vidrios y otros objetos que pueden lastimarlo. Obviamente, el anda con cuidado.

    Un coche de bebé con las llantas retorcidas y con algunos acondicionamientos caseros le serviría para transportar se pequeño equipaje: dos mudas de ropa, un plástico para cubrirse en las noches, algo de comida y $30.000 pesos que le tendrán que alcanzar para recorrer más de 10.000 Km.

    Por fortuna, las entidades públicas del municipio de Madrid en vista del mal estado del coche decidieron regalarle un carro en mejores condiciones. "Uno con el que por lo menos llegue a la frontera con Panamá" afirmó un curioso.

    Un día como cualquier otro en que la banda juvenil de Madrid tocaba notas de nuestro folclor en el parque y las colegialas, vestidas con sus uniformes, curioseaban por el sitio, Arturo Lizcano, con una pañoleta en la frente, pantalón blanco y camiseta, emprendió su camino. Transcurrirán 18 meses para saber el desenlace de su hazaña.

     


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