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    La Hija del Viento

    Por Camilo Andrés Sánchez

    Madrid (Cund.), Mayo, 2003

    Nancy Casallas, madrileña de nacimiento, ha demostrado que los deseos de salir adelante se llevan en el corazón y que no importa qué tan dura sea la prueba, hay que sacar hasta el último aliento.

    El viento frío que sopla en la planicie de la Sabana de Bogotá es característico de un lugar que se encuentra a 2.600 metros de altitud. El habitual frío de la localidad, que enrojece las mejillas de sus habitantes, contrasta, en ocasiones, con el picante sol de los días de verano.

    En Madrid, población sabanera de aproximadamente 50.000 habitantes, se encuentra una de las hijas del viento que corre por las carreteras de nuestro país montada en un caballito de metal adornado con dos llantas y una caramañola en su vientre.

    Nancy es hija de don José Casallas, propietario de un taller de bicicletas en el centro de esta población cundinamarquesa y ex ciclista profesional, y de doña Marina Santana, una ama de casa que tiene su hogar ubicado en el barrio San Francisco. "La disciplina, la responsabilidad y la paciencia son las características de Nancy" afirma su madre.

    Esta joven ciclista de 21 años de edad, 1.60 cms de estatura, 51 Kg. de peso y buen temperamento, según lo aseguran sus padres, ha pasado gran parte de su vida sobre ruedas. Marina Casallas, su hermana mayor, dice que a la edad de once años a Nancy le dio la "picada" por entrar al mundo del ciclismo, pero su padre, con instinto protector, le advirtió que la vida de ciclista es peligrosa y que el hecho de salir a correr en una carretera es muy riesgoso.

    Pero llegó la oportunidad: una escuela de formación ciclística fue fundada en el municipio y esto sirvió de excusa para que esta madrileña lograra realizar su sueño. Sólo hizo falta que se le permitiera correr en una competencia para que su papá se diera cuenta de sus capacidades como ciclista.

    Nancy, en ese entonces, ganó su primera carrera entre niños de varias edades. Pese a su corta edad, su bicicleta de montaña y las ganas de ser una de las hijas del viento fueron motivos suficientes para que dejara rezagados a sus oponentes. A partir de ese momento se convirtió en una triunfadora. Quizás a muchos les hacía presagiar carreras como las de Lucho Herrera, Fabio Parra y otros tantos ciclistas que nos traen a la memoria gritos de júbilo y el honor de ver a nuestro país bien representado por sus deportistas.

    Evelio Seles, su primer entrenador, tomó a Nancy como su pupila favorita. En su primera competencia nacional de ruta en 1997, para la cual Nancy decía que no iba bien prepara, quedó campeona. En la Vuelta al Futuro, una competencia para jóvenes entre 15 y 16 años, se dio el privilegio de ser la primera mujer de esa categoría en subir el Alto del Humilladero cerca de Sogamoso (Boyacá). Allí ganó $120.000 y una bicicleta de pista. En enero de 1998 representó a nuestro país en la vuelta a México. Sin embargo, allí no corrió con la suerte de la ganadora, lo cual la hizo abandonar el ciclismo.

    Pero como ella misma dice, "el deporte es como un vicio," a las dos semanas decidió volver a los entrenamientos, los cuales le abrieron las puertas al Nacional de Rio Sucio. En ese certamen quedó campeona de ruta y contra-reloj. Además, clasificó al Panamericano de Brasil, experiencia que le devolvió las ganas de seguir en su lucha por ser una profesional del ciclismo.

    Al llegar a Brasil se dio cuenta de que el nivel de las competidoras era muy alto, pero no le prestó mucha atención a eso. En su primera prueba, una contra-reloj, sólo se concentró en correr. Cuando llegó a la meta no sabía que pasaba; lo único que veía era a su delegación celebrando su triunfo y esperándola para que recibiera su primera medalla de oro internacional.

    "Sentir el himno de mi país y verme en el primer lugar fue emocionante para mí" afirma Nancy, quien también recuerda el recibimiento que tuvo en el Aeropuerto Internacional El Dorado de la ciudad de Bogotá. Sus compañeras de grado 11 del colegio Sagrados Corazones de Madrid, sus padres y una gran comitiva vieron cómo derramaba lágrimas de emoción. Eran lágrimas de una campeona que siente no sólo con las piernas, sino también con el corazón.

    Nancy tiene algunos amigos que visita cuando puede, eso sí, sin descuidar las responsabilidades ciclísticas. A Giovanni, su novio, lo conoció en el mundo del ciclismo hace más de tres años. Con el disfraz de su amigo competidor fue entrando en el corazón de esta campeona, algo así como amor a primera "cicla".

    Para esta hija del viento lo importante no es solamente el asfalto, la carretera, el caucho de las llantas y las levantadas a las seis de la mañana para salir a entrenar. También son importantes los estudios de licenciatura de educación física que cursa en una corporación de Bogotá. La profesión de ciclista la ha alejado de disfrutar la vida como cualquier otra muchacha de su edad, pero Nancy piensa que vale la pena.

     


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